«Hacer dieta no funciona porque, entre otras cosas, se menoscaba nuestra libertad de decisión, ya que se nos dice lo que tenemos que comer»

23 noviembre 2021 0
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Blanca Díez es dietista-Nutricionista especialista en cambio de hábitos de alimentación a través de un proceso que provoca el crecimiento de las habilidades personales de las personas a las que acompaño y su transformación nutricional. Cuenta con más de 15 años de experiencia, donde ha estado alimentando a algunos de los hospitales más relevantes en Palma de Mallorca, entre los que destacan el Hospital Son Llàtzer, el Hospital Universitario Son Dureta, el Hospital Universitario Son Espases y el Hospital QuironSalud Palmplanas.

La alimentación es uno de los actos más importantes que hacemos los seres vivos, de eso no hay duda. Sin embargo, no es solo algo físico, sino que la alimentación es también algo emocional, ¿no es así?

Actualmente, hay muchos factores que afectan a nuestra alimentación, efectivamente, no solo comemos como respuesta a una necesidad física, también puede depender de otros factores sociales y emocionales.

Por eso es importante tener en cuenta, a la hora de acompañar a las personas en su viaje hacia un cambio de hábitos alimentarios más saludables, que todos los cambios sean inspirados por una previa toma de conciencia, para que vayan totalmente alineados con su bienestar físico, emocional y social

¿Estaríamos hablando de lo que se conoce como “psicología de la alimentación” o “alimentación emocional”?

La psicología de la alimentación es un término muy complejo ciertamente, en el que psicólogo y nutricionista colaboran conjuntamente para llevar a buen término el tratamiento psiconutricional de la persona. Sin embargo, la alimentación emocional es algo que está presente en todos nosotros y que no necesariamente tiene por qué ir a asociado a la necesidad de una terapia psicológica.

¿Cómo llega la alimentación emocional a instaurarse como un hábito más en el día a día?

Por un lado, la alimentación emocional es algo aprendido, desde pequeños nuestros adultos de referencia nos impactan con mensajes que, aún con la mejor de las intenciones, pueden tener diferentes interpretaciones según la persona que lo recibe.

Son mensajes de este tipo por ejemplo “si te portas bien te podrás comer …” o “hasta que no te comas esto no podrás comerte aquello”.

Al final el mensaje que se recibe es que ante un “comportamiento positivo”, hay una recompensa (que normalmente es de un producto azucarado), lo que en la edad adulta puede llevar a que me premie con ese tipo de alimentos. 

También para calmarnos de pequeños hemos podido escuchar frases de manera recurrente como “no te preocupes, ahora compramos un…”, lo que también puede llevarnos a que para sentirnos mejor utilicemos algún alimento en concreto.

Actualmente, se habla mucho de la alimentación consciente, ¿en qué consiste este tipo de alimentación?

Se trata de guiar a la persona para que se dé cuenta cómo es su manera de alimentarse actualmente y cómo es su relación con la comida, ayudándola a detectar comportamientos, pensamientos y creencias limitantes con respecto a su alimentación.

Ser conscientes es el primer paso a dar cuando tratamos de hacer las cosas de una manera diferente, puesto que si no sabemos lo que nos pasa nos será imposible poder solucionarlo.

Por poner un ejemplo, la situación que vivimos actualmente relacionada con la fuerte subida de los precios de la luz, ¿cómo puede afectar a nuestra alimentación consciente?

La idea sería cómo a través de ser más consciente de mi alimentación puedo vivir con la situación actual y la subida de los precios de la luz. Ser conscientes te ayuda a ver un amplio abanico de posibilidades dentro de una situación concreta del entorno.

Se trata en este punto de pasar de la queja, que es totalmente lícita, pero que, sin embargo, no nos ayuda a avanzar, a la responsabilidad y a la libertad. Desde esta mirada, soy capaz de darme cuenta de que, por mucho que me queje, el precio de la luz es el que es, y que lo que yo puedo hacer con respecto al precio de la luz solo depende de mí.

¿Qué podría hacer una persona que vive esta situación y que le está afectando nutricionalmente? 

Esta situación invita a reflexionar sobre qué maneras de abaratar la cesta de la compra puedo empezar a practicar o cómo puedo cocinar diferente para amortiguar o compensar esta fuerte subida en el precio de la factura de la luz.

  1. Consumir más frutas y verduras frescas, de temporada y de proximidad: Su precio es más barato, puesto que están en un momento de alta producción y al haber más oferta el precio baja. Por otro lado si lo destinamos a un consumo “en crudo” nos ahorramos la energía para cocinarlas.
  2. La fruta fresca de postre: Tiene relación con el anterior punto, añadiendo que así ahorramos en la cesta de la compra al sustituir la compra de postres lácteos que no tienen un buen perfil nutricional. Podemos dejar de destinar dinero al consumo de productos ricos en azúcar que no necesitamos, no aportan nada a la alimentación del consumidor y encarecen sus compras.
  3. La carne y el pescado también encarecen nuestra cesta de la compra, por lo que podríamos buscar otras fuentes de proteína más baratas, que además son más saludables como las legumbres y los huevos.
  4. Comprar legumbres y verduras de bote: Hay alimentos que están poco procesados y que no solo pueden ayudarnos a hacernos la vida más fácil, sino que además nos pueden ayudar a ahorrar energía porque no necesitan prácticamente preparación.

Como decía en el anterior punto la legumbre es una buena fuente de proteína y además es más barata que otros alimentos, si además la compramos ya hervida en vez de en crudo, el beneficio para el bolsillo es doble. Con respecto a las verduras y a la pérdida de nutrientes porque no es verdura fresca, este punto vendría a complementar el punto 1 en el que ya compramos fruta y verdura de temporada y de proximidad para consumo en crudo.

  1. Eficiencia energética: cocinar para varios días o un número de raciones superior me permitirá cocinar menos veces a la semana y, por lo tanto, a la larga, un gasto energético menor, si además aprovecho las horas a las que la luz es más barata la eficiencia energética se multiplica.

¿Puede realmente una persona descubrir su alimentación a través de la creatividad, independencia y libertad? ¿Cómo?

Estas tres cualidades son fundamentales en el proceso de cambio de hábitos, porque permiten a las personas disfrutar y aprender explorando y experimentando su alimentación desde otro lugar.

Hacer dieta no funciona porque, entre otras cosas, se menoscaba nuestra libertad de decisión, ya que se nos dice lo que tenemos que comer, nuestra creatividad porque se nos dice cómo cocinar lo que comemos, y nuestra independencia porque también se nos dice cuándo hacerlo.

Desde mi mirada, acompaño a las personas para que encuentren nuevas recetas que encajen perfectamente con su momento vital y con su estilo de vida, acorde a sus habilidades culinarias, con el tiempo disponible, con sus preferencias alimentarias y con sus gustos y el de su familia, lo que provoca que la persona descubra un amplio abanico de posibilidades que trascienden lo aprendido de plancha, horno, hervido y ensalada.

Por lo tanto, les guío para que ellas sean las protagonistas al crear sus recetas y menús, teniendo todo el poder en su toma de decisiones, deciden desde la libertad y desde su independencia; qué comerán, cómo lo cocinarán y cuándo se lo comerán, y este, es un potente motivador en el que se mezcla la seguridad de estar haciéndolo acorde a su objetivo y además la autonomía y el disfrute de hacerlo.

En ocasiones, según el tipo de emoción que sentimos, utilizamos los alimentos como una “anestesia emocional”. ¿Por qué comemos para tapar nuestras emociones?

Como he dicho antes, la gestión emocional a través de la comida pueden ser comportamientos aprendidos de pequeños, a todo esto habría que sumarle el hecho de que no nos han enseñado a gestionar de una manera efectiva nuestras emociones.

Es decir, por un lado nos han enseñado a hacerlo así, y por otro, tampoco conocemos otra manera de hacerlo.

Por eso, durante las sesiones se provoca el crecimiento en inteligencia nutri-emocional en la que para empezar, se detectan las emociones que impactan negativamente en nuestra manera de alimentarnos y una vez se ha producido esa toma de conciencia, se buscan diferentes estrategias para ayudar a la persona a gestionar sus emociones sin recurrir a la comida.

¿Cómo podemos diferenciar el hambre física del hambre emocional?

Cuando el hambre responde a una necesidad fisiológica por regla general somos capaces de elegir los alimentos conscientemente, en cuanto a calidad y cantidad siendo estas adecuadas para nuestra sensación de hambre, saboreamos los alimentos que estamos tomando y al acabar tenemos una sensación de satisfacción.

En cambio, cuando la alimentación responde a una necesidad emocional solemos tomar alimentos altamente palatables (es decir ricos en azúcar y grasa) en cantidades en ocasiones desmesuradas, puede pasar que comamos más deprisa o que nos dé la sensación de estar engullendo, o de no estar saboreando lo que estamos comiendo.

Al acabar, la sensación suele ser de malestar, tanto físico, por haber comido demasiado, nos podemos llegar a sentir desagradablemente llenos, como emocional, apareciendo sensaciones de culpa o frustración que potencian la emoción que sentía al principio y que me ha llevado a comer en un primer momento.

¿Qué consejos o recomendaciones daría a una persona que quiere aprender a comer “conscientemente”?

La principal recomendación sería que trate de volver a estar en contacto con las sensaciones de hambre y saciedad de su cuerpo. Nuestro cuerpo es sabio y siempre es capaz de transmitirnos lo que necesita, nuestra misión es “simplemente” escucharlo y actuar en consecuencia.

Otra recomendación es que no intente controlar su alimentación, porque no hay barreras para nuestra alimentación si aprendemos a escucharnos con intuición, se trata de aprender a observarnos, a escucharnos, a atendernos, a entendernos  y a divertirnos cuidándonos.

Y en el caso de necesitar ayuda, le recomendaría que buscara a una dietista-nutricionista que tenga una mirada holística que no solo se centre en las conductas porque somos mucho más que lo que comemos: somos lo que pensamos, lo que sentimos y cómo nos relacionamos con nosotrxs mismxs mientras lo hacemos.

Por eso, las intervenciones nutricionales basadas solo en modificar las conductas no suelen llevarnos a obtener los resultados que esperamos porque, con base en lo que pienso, siento, y así como siento, actúo.

Agenda Online de Blanca Díez en WeDoctor
¡Hola! Soy Blanca Díez, Dietista-Nutricionista especialista en cambio de hábitos de alimentación a través de un proceso que provoca el crecimiento de las habilidades personales de las personas a las que acompaño y su transformación nutricional.

Hace unos años, decidí combinar mi actividad como Dietista-Nutricionista clínica en hospitales, con mi pasión de ayudar a las personas a transformarse junto a su alimentación y a su mentalidad.

Yo no hago ni dietas, ni planes personalizados, yo propongo un viaje hacia el cambio de hábitos en el que las personas se conocen, transforman su alimentación y brillan por encima del peso, de la báscula y de las dietas, al descubrir y explorar su alimentación desde otro lugar, tomando decisiones más conscientes y consiguiendo tener así una relación de paz y flexibilidad consigo mismas y con la comida. Puedes contactar conmigo a tan solo un clic en We Doctor.

El artículo «Hacer dieta no funciona porque, entre otras cosas, se menoscaba nuestra libertad de decisión, ya que se nos dice lo que tenemos que comer» se publicó primero en Noticias en Salud.


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